miércoles, 22 de abril de 2009

Las explosiones del 22 de abril de 1992, ejercicio de desmemoria

Las explosiones del 22 de abril de 1992, ejercicio de desmemoria
Dr David Velasco



Miércoles 22 de abril de 2009

Hoy se cumplen 17 años de una de las mayores tragedias que haya registrado la historia de la ciudad de Guadalajara. Hoy hace 17 años explotaron varios kilómetros del drenaje. A diferencia del 2 de octubre que, a más de 40 años no se olvida, el 22 de abril parece que sí se olvida. Se trata de una tragedia que se pudo evitar. Días antes de las explosiones, la gente gritaba literalmente, que las tapas de los drenajes olían a gasolina, que el mismo olor entraba en sus casas por los baños y otros desagües. La autoridad fue negligente, si no es que sorda al llamado de auxilio.

Hace 17 años la ciudad de Guadalajara vivió una tragedia que conmocionó a la opinión pública y que, al parecer, al paso de los años nadie fue culpable, nadie es responsable de la pérdida de vidas, de lesionados y de vidas personales y familiares destrozadas. En año electoral, pareciera que eso no tiene importancia, que ya pasó al olvido, que ya nadie se acuerda, que mejor pasemos a otra cosa.

Sin embargo, no deja de haber gente necia y testaruda que, a pesar de 17 años, no se le olvida que su grito no fue atendido, que su clamor para que intervinieran las autoridades fue desoído y menospreciado. Y ahora nos invitan a votar para que eso cambie, para que exijamos nuestros derechos, sí, cómo no.

Cuando los damnificados del 22 de abril protestaron y exigieron, todos recuerdan la golpiza que les dieron un domingo 1º de junio, cuando nadie, en su sano juicio pensaba que iba a haber una represión de esa magnitud. Y como en las explosiones, tampoco hay responsables de esa represión injusta, cruel, inhumana y degradante. Ahora resulta que a los que exigen justicia se les reprime, se les golpea. ¿Quién ordenó esa golpiza? Por ahí andan sueltos, tan campantes y sonrientes como si nada debieran, como si fueran los héroes que rescataron a los damnificados por las explosiones.

Es muy probable que esta fecha, 22 de abril, pase desapercibida para mucha gente, los medios de comunicación casi ni lo mencionan. Algunos olvidaron el ejemplar papel que cumplieron los medios, ese y los siguientes días de abril, cuando se impuso el desgobierno, la desorientación, el no saber qué hacer y cómo rescatar a las víctimas y, sobre todo, como limpiar evidencias de una tragedia que se pudo evitar. Muchos recordaran que fueron precisamente las estaciones de radio, algunas televisoras las que gobernaron por unos días a la gran metrópoli, recibían información y la trasmitían, orientaban a la gente, la convocaban a reuniones, daban explicaciones de lo que habría que hacer.
Por esos días, los políticos ni se asomaban, temían a la gente, a sus reclamos y exigencias. Por supuesto, un gobernador cayó en desgracia, y los que lo siguieron en el cargo quisieron darse baños de pueblo, hicieron como que se solidarizaban con la tragedia, llevaron su tienda de campaña a la zona de Gante y trataron de comprar a la gente.
Hoy hace 17 años la política misma sufrió un colapso, la relación de gobernantes y gobernados se corrompió. Los hermanitos Rojas Gutiérrez, uno en Pemex y el otro en la Sedesol, a base de billetes quisieron cubrir una tragedia que se pudo evitar. La corrupción por todas partes apareció como la política real que se impuso arriba y abajo, damnificados que vendieron caras sus heridas y fracturas, otros que traficaron con sus casas y otros más, dignos y rebeldes hacen memoria y hacen otra política.
Las tragedias, como los sismos del ’85 en la ciudad de México, fueron la ocasión para que surgiera fortalecida una sociedad civil que impulsó la creación de varios organismos autónomos, como el IFE, el IFAI, la CNDH, hoy coptados, tanto a nivel federal como a nivel estatal. Hoy, a 17 años de una tragedia que se pudo haber evitado, no aparecen organismos sólidos de la sociedad civil con capacidad para enfrentarse a las rapacerías de los partidos políticos y las mafias que los controlan. Y todavía nos invitan a votar…

Que la tragedia del 22 de abril de 1992, que tanto transformó las vidas de cientos de personas, sea un ejercicio de memoria que nos ayude a construir organismos ciudadanos que se hagan escuchar.

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