lunes, 22 de septiembre de 2008

Huir de México


Lydia Cacho
Plan B
22 de septiembre de 2008


En 2007 casi 680 mil personas se vieron forzadas por pobreza y violencia a huir hacia el país vecino”

Hace unas semanas, en Tijuana tres familias me contaron que desde hace unos meses viven en San Diego; se mudaron porque alguno de sus hijos o hijas fue víctima de secuestro. Cruzaron la frontera para la presentación de mi libro.

Unos días después en Monterrey escuché historias de terror de jovencitas universitarias que han perdido amigas en manos de secuestradores que levantan muchachas en los antros, ante la inmovilidad de la policía. Sus padres planean enviarlas a estudiar al extranjero por miedo a que las maten o rapten. Miles de familias regiomontanas se están mudando a Texas. En Ciudad Juárez la mayor parte de la clase media ha emigrado a El Paso. Familias enteras de Matamoros han hallado refugio en Bronwsville; de Saltillo en Eagle Pass. Hay más personas nacidas en Zacatecas habitando en California y Arizona que en México.

La diáspora crece irremediablemente y nadie en su sano juicio tiene derecho a cuestionar a quienes viven su patria como una pesadilla y no encuentran más salida que la de desterrarse para dormir en paz, para que sus hijas no sean una víctima más de feminicidio.

Emigrar no es fácil, hace falta valentía para abandonar el hogar, el vecindario, las amistades y familiares; para buscar un nuevo trabajo, e incluso para hablar un idioma ajeno. Las y los adolescentes se van casi por la fuerza, con la tristeza a cuestas, negándose a dejar a sus amistades, su escuela. No debe ser fácil tener 14 o 15 años y saber que en tu país la inseguridad es una constante y la seguridad casi un mito.

Calderón se anunció como el presidente del empleo, y su elección de lanzarse a una guerra sin cuartel, le hará pasar a la historia como el presidente de la emigración por violencia. No resolvió el desempleo que obliga a tantos a irse de braceros, por el contrario, ahora hay motivos adicionales para escapar del país.

Hace un par de años, según datos de las oficinas de censo estadounidense, aproximadamente 450 mil personas cruzaban la frontera norte en busca de mejor vida. La migración ilegal consistía eminentemente en personas de las zonas más pobres del país. Ahora el Consejo Nacional de Población (Conapo) con datos del gobierno de EU reporta que en 2007, casi 680 mil personas se vieron forzadas por pobreza y violencia a huir hacia el país vecino.

La gran mayoría seguirá buscando los estados y ciudades en los que la población latina se encuentra más a gusto o en contacto con sus costumbres, y aunque sea parcialmente, más cerca de su idioma. Esto significa que los gobiernos de Texas, California, Arizona, Florida, Nueva York e Illinois (particularmente la ciudad de Chicago) deberán prepararse para que cada vez más personas nacidas en México busquen nueva vida en su territorio. Los más ricos se van a España y Canadá, la clase media trabajadora a Estados Unidos.

El fenómeno de la migración se transforma paulatinamente. La pobreza extrema y la inhabilidad del gobierno mexicano para revivir el campo ya no será el único motivo para que cientos de miles abandonen la patria. Ahora la diáspora es por miedo a la violencia, a la impunidad y a la desolación, ¿quién puede juzgarles?

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