viernes, 27 de agosto de 2010

Holocausto.

Carmen Aristegui F.
27 Ago. 10

Holocausto. Ésa fue la palabra que eligió el padre Pedro Pantoja, director de Belén Posada del Migrante, en Saltillo, para referirse al fenómeno en el que miles de hombres y mujeres de diferentes nacionalidades son asaltados, violados, extorsionados, secuestrados, torturados y asesinados cada año en territorio mexicano al hablar de los 72 migrantes masacrados en Tamaulipas. La matanza coloca a México en una exhibición planetaria sobre el grado de descomposición al que hemos llegado. Lo muestra como un país de barbarie, corrupción e impunidad. En la masacre de San Fernando, las víctimas eran migrantes indocumentados, a quienes se les pretendió extorsionar -sin lograrlo porque simplemente carecían de dinero-, tal y como sucede todos los días con miles de congéneres que recorren los mismos caminos para llegar o intentar llegar a Estados Unidos, con la agravante de que al negarse a trabajar para la delincuencia organizada, por mil dólares quincenales, fueron masacrados brutalmente.


La historia personal del joven ecuatoriano que sobrevivió a la matanza, y tuvo vida para contarlo, es el retrato de miles que como él tratan de escapar de un futuro miserable en sus comunidades. Hoy, la sobrevivencia del joven no sólo dependerá de la atención médica que reciba y de la gravedad de sus lesiones, sino de que el Estado mexicano -incapaz de proteger la vida de las 72 víctimas- lo resguarde y evite represalias en su contra. Su nombre y rostro, por lo pronto, se han dado a conocer públicamente y su grado de vulnerabilidad es aún mayor.


El suceso conmociona pero, también indigna. No sólo por la tragedia sino por la respuesta y explicación oficial. Reza el boletín de Presidencia: "Estos hechos se dan en torno de una lucha violenta entre el Cártel del Golfo y la banda criminal de Los Zetas. Son ellos los que están recurriendo a la extorsión y al secuestro de migrantes como mecanismo de financiamiento y de reclutamiento, debido a que están enfrentando una situación muy adversa para abastecerse de recursos y de personas. Esto es resultado de la actividad del Estado en su contra, la cual ha debilitado significativamente la capacidad de operación de grupos criminales".

¿Qué están diciendo? ¿Que los delincuentes han tenido que diversificarse por la efectiva acción del Estado frente a ellos? ¿Que están tan acorralados que tienen que buscar otras fuentes de financiamiento? ¿Que esta tragedia es consecuencia indeseable de la eficacia gubernamental? Por Dios. Qué falta de respeto. Quienes estudian el crimen organizado hablan de por lo menos 22 delitos que se engarzan y que producen extraordinarias ganancias a nivel internacional. La trata de personas, el secuestro, el tráfico de armas, las extorsiones, la piratería, etcétera, están interrelacionados con el narcotráfico y producen ganancias multimillonarias.

Bastaría con revisar, por ejemplo, el libro Ilícito del venezolano Moisés Naím para entender las dimensiones del problema. Sólo en México se atreven a dar una explicación oficial como ésta. El ensanchamiento y diversificación del crimen son producto de una lógica criminal que ha logrado corromper y capturar a partes fundamentales de las estructuras de los Estados, el mexicano incluido. En el caso del crimen masivo en San Fernando no es sino la expresión extrema de un fenómeno estudiado, documentado y denunciado mil veces ante el gobierno mexicano y otras instancias internacionales desde hace varios años.

Los especialistas en migración se muestran indignados porque el gobierno federal habla del fenómeno como si fuera casi de reciente aparición, como si se estuviera casi enterando del asunto. Señalamientos han hecho especialistas, organizaciones de derechos humanos, sacerdotes que dirigen refugios, periodistas, organismos internacionales. ONU, OEA, CIDH han hecho llamados al Estado mexicano, frente a esta crisis humanitaria de los migrantes en territorio nacional y el Estado mexicano ha sido incapaz, omiso, insuficiente frente a los señalamientos. La marca ha sido la inacción, la impunidad y la indiferencia. Apenas el año pasado, la CNDH presentó un informe especial sobre casos de secuestro en contra de migrantes. De septiembre de 2008 a febrero de 2009, casi 10 mil migrantes fueron víctimas de secuestro. Mil 600 por mes. Violaciones, robo, extorsión, secuestro y muerte son recurrentes. Un Holocausto, como le llamó el padre Pantoja.

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